Nuestra sociedad pretende cambiar, pero únicamente matiza las problemáticas sociales para dar la impresión de que no están pasando. Se supone que tenemos una mente presta al cambio y, sobre todo, a la aceptación del otro, pero esto realmente no sucede. El racismo y la xenofobia son el pan de cada día en los países del primer mundo e incluso en los del tercer mundo, donde se mira al inmigrante por encima del hombro y, si es latino, africano o hindú entre otros, se le mira aún de forma más despectiva. El problema de fondo es creer que se es superior al otro por su tono de piel, color de ojos o del cabello.

En la Antigüedad se alegaba que la esclavitud de los pueblos indígenas y africanos entre otros era de carácter, ideológicos y pseudorreligioso, donde se deshumanizaba al individuo al punto de negar la existencia de su alma, con el fin falso de legitimar su explotación y categorizarlos como animales serviles y pseudopensantes. En la Grecia clásica, Aristóteles argumentaba que los esclavos tenían un alma deficiente desde una perspectiva racional, equiparándolos con herramientas vivientes. Por otra parte, los romanos impusieron el derecho de propiedad sobre los esclavos, quienes generalmente pertenecían a etnias o tribus que consideraban inferiores. Pero eso no solo queda ahí, ni que hablar de la Edad Media una época llena de oscurantismo y esclavitud.

Cuando Colón pisó por primera vez nuestras tierras, vio en un hermoso continente, pero también una mano de obra fácil de explotar y manipular. Desde la colonia también hubo prácticas de sometimiento que no solo recaía en los indígenas, también le sumaron mano de obra importada desde el África central, lo que ayudaría al desarrollo del mestizaje que nos hace únicos y del que deberíamos sentirnos orgullosos de ser latinos.

A pesar de los múltiples conflictos que se libraron en el siglo XIX por erradicar la esclavitud de nuestro pensamiento y de la sociedad, parece que aún está impregnada sutilmente en el ADN de muchos que, aun siendo mulatos, no se separan de esa visión eurocentrista y norteamericana que aprovecharon la mano de obra de las etnias y pueblos que subyugaron como, por ejemplo: los nativos americanos y los africanos.

Hoy en día se está viendo un fenómeno de racismo muy marcado y latente que siempre ha estado camuflado o se le ha dado poca visibilidad, pero en la actualidad, gracias a las redes sociales, nos enteramos en tiempo real de lo que está sucediendo y de cómo nos impacta de forma negativa. Un ejemplo claro son los presuntos campos de concentración llenos de migrantes latinos y de otras nacionalidades en EE. UU. Esto es algo irónico hasta el punto de convertirse en un mal chiste, teniendo en cuenta que la sociedad norteamericana se ha beneficiado de los inmigrantes de todas partes del mundo; sus bases económicas, sociales y culturales fueron cimentadas desde las diásporas y la inmigración masiva.

El racismo sigue latente en nuestras sociedades. Aunque es difícil de creerlo, en Latinoamérica existe también la segregación la cual camuflamos con la discriminación, poca empatía y los prejuicios sociales y morales. Según estadísticas estatales del país de la samba, 8 de cada 10 víctimas de homicidios en los últimos años fueron afrodescendientes, lo que constituye casi un 50% de su población. En Brasil es donde se matan más negros después de Estados Unidos; a esto sumémosle la brutalidad policial, que es más grave cuando se involucran afrodescendientes o indígenas. Este trato hacia los negros e indígenas se puede evidenciar en los niveles de pobreza y el escaso acceso a los servicios básicos de toda la región siendo ellos los más impactados.

La ultraderecha siempre ha utilizado un discurso de odio hacia los migrantes, que ha promovido con vehemencia el actual presidente Donald Trump; este mismo lenguaje lo han replicado en Europa, Reino Unido, Israel o incluso Argentina. Lo que deslegitima la carta de los derechos humanos. Por otra parte, este tipo de manifestaciones xenofóbicas lo único que hace es que una persona del común piense, diga y actúe de una manera racista y que lo manifieste abiertamente, sin importar las repercusiones o lo que pase, al punto de vanagloriarlo o aplaudirlo por sus sandeces.

Columnista en Espejos de Tinta

Danny Morales

docente

Categorías: Andanadas

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